En 2015, Louise Kolomeitz fundó el estudio con la idea de transformar espacios comerciales en entornos que realmente funcionaran para las personas. El primer proyecto fue la remodelación de una pequeña oficina de abogados en el centro: 45 m², presupuesto ajustado y una paleta de colores que hoy nos parece demasiado conservadora. Pero aquel cliente repitió, y eso nos enseñó que la confianza se gana con escucha y oficio.
Dos años después, asumimos el rediseño de una cadena de tres cafeterías. Fue nuestro primer encargo con plazos cruzados y decisiones de mobiliario en bloque. Aprendimos a coordinar proveedores, a defender una paleta cromática frente a la urgencia del cliente y a medir el impacto de la iluminación en la rotación de mesas. Esa experiencia nos dio el criterio para decir «no» a lo superfluo.
En 2020, cuando la pandemia frenó las obras, decidimos invertir el tiempo en documentar cada proyecto con planos detallados y fichas de materiales. Ese archivo se convirtió en nuestra herramienta más valiosa: hoy nos permite ofrecer a cada cliente una propuesta con referencias reales, sin promesas abstractas. Desde entonces, el 80 % de nuestros encargos llega por recomendación directa.
El año pasado completamos la remodelación de un local de 180 m² en la colonia Roma para una tienda de diseño independiente. El proyecto incluyó la redistribución completa del flujo de clientes, la selección de mobiliario modular fabricado localmente y un sistema de iluminación zonificada que redujo el consumo energético en un 30 %. Fue el proyecto que nos confirmó que la estética funcional no es una concesión, sino el núcleo de nuestro oficio.